El tema de la política y la participación ciudadana en terrenos de la gobernanza estuvo muy presente en la Grecia clásica. Para ser partícipe en la toma de decisiones, el ciudadano primero que todo debía tener conocimiento de su historia, responsabilidades y la vida de la polis.

Para tales fines la educación Cívica era primordial y se hallaba al mismo nivel que el conocimiento matemático y filosófico.

¿De qué trataba esta educación cívica?

En realidad, no distaba mucho de la educación cívica que se impartía en las escuelas hasta hace poco, en la cual el objeto era educar al joven en términos de la vida en la ciudad y como ente participante de la vida en sociedad.

Dependiendo de la ciudad-estado en la que hubiese nacido, el ciudadano debía cumplir ciertas obligaciones cívicas, como ser parte del ejército, presentarse en las deliberaciones públicas o votar en determinadas ocasiones.

El desempeño como ciudadano y el cumplir con los deberes antes mencionados daba a los partícipes de la vida de la polis un estatus diferente: estos podían tomar decisiones que influían la vida de todos los ciudadanos.

La educación física como parte integral de la educación

La educación del cuerpo era otro punto fuerte en la educación en la Grecia clásica. Los primeros gimnasios o lugares de entretenimiento, se hallaban junto a las bibliotecas, a los lugares donde se entrenaba el conocimiento abstracto. De ahí la frase «mente sana en cuerpo sano».

Los grandes pensadores de la época, como Sócrates y Platón, eran deportistas (si es que esta palabra puede usarse) entusiastas. No por nada los Juegos Olímpicos comenzaron en esta cultura, la que veía el potencial humano llevado hasta su límite.

Esta educación y veneración por el cuerpo también se puede ver en las esculturas de la época, en las cuales la calidad muscular y la armonía matemática eran preponderantes. Los artistas estaban educados en la misma línea, por lo que reflejaban un pensamiento que abarcaba la idiosincrasia de la polis.

Por último, esta educación física apuntaba a acercarse, lo más posible, a los dioses y cómo estos eran representados por los artistas y poetas. La educación, en este caso, era transversal e iba desde temas teológicos hasta los más prosaicos.

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